Los instrumentos de cuerda peruanos no existían en el mundo andino antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. El Imperio Incaico solo conocía aerófonos y percusiones; los cordófonos llegaron con la conquista y fueron reinventados por manos indígenas hasta volverse propios.

En este artículo te contamos todo sobre esta temática que es muy importante en nuestra cultura, como peruano orgulloso de su país.

El origen de los instrumentos de cuerda en el Perú

La organología prehispánica se sustentaba en el viento y la percusión. La vihuela, el arpa y el violín entraron con los misioneros católicos, que enseñaban música en escuelas conventuales a colonos y a la nobleza indígena.

Ese contacto forzado derivó en algo inesperado, una transculturación donde el artesano andino no copió el instrumento europeo, sino que lo desmontó y lo volvió a construir según sus propias escalas pentatónicas y sus necesidades rituales.

Del siglo XVI a las láminas de Martínez Compañón

El Instituto de Etnomusicología de la PUCP y los registros de la Biblioteca Nacional del Perú sitúan a finales del siglo XVIII un testimonio clave, las láminas del obispo Baltasar Martínez Compañón. Sus acuarelas documentan cordófonos ya mestizos en danzas y fiestas trujillanas, prueba gráfica de un sincretismo musical consolidado en apenas dos siglos.

Principales instrumentos de cuerda peruanos

Cada región andina desarrolló su propia familia de cordófonos, con maderas, afinaciones y usos rituales distintos. Estos son los más representativos del patrimonio sonoro nacional.

1. El charango y el walaycho

El charango se describe con frecuencia, de forma imprecisa, como un instrumento de cinco cuerdas. La realidad organológica es otra, posee cinco órdenes dobles, es decir diez cuerdas en total, distribuidas en pares afinados al unísono u octava.

Mide unos 63 centímetros y fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2007 mediante la Resolución Directoral Nacional N.° 1136/INC. De él deriva el walaycho, más pequeño y de timbre todavía más agudo.

Quien busque un charango auténtico, tallado en madera y no ensamblado en serie para souvenirs, hará bien en acudir a los talleres familiares de Ayacucho, Puno o Cusco, donde la luthería sigue transmitiéndose de generación en generación.

El charango y el walaycho

2. La guitarra ayacuchana y sus temples tradicionales

La guitarra andina de Ayacucho no se afina de forma estándar. Usa los llamados temples, afinaciones alternativas como el temple baulín o el temple diablo, que permiten que las cuerdas al aire resuenen con la tonalidad de cada huayno o yaraví.

La técnica exige tocar bajos y melodía a la vez, generando la ilusión de dos guitarras sonando juntas. Raúl García Zárate llevó esta escuela a los teatros del mundo, y en 2010 fue reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación.

La guitarra ayacuchana y sus temples tradicionales

3. El arpa andina

El arpa diatónica europea llegó sin bajos suficientes para el conjunto andino, así que los artesanos ampliaron su caja de resonancia. El resultado carece de pedales y suele llevar entre 32 y 36 cuerdas.

Existen variantes regionales bien marcadas, la de base redondeada en Ayacucho y la de base ancha en Huancayo. Es el motor sonoro de la Danza de las Tijeras, sobre la que puedes profundizar en nuestro repaso al violín andino y la danza de las tijeras.

El arpa andina

4. La bandurria cusqueña y la mandolina serrana

La bandurria cusqueña se aleja de su prima española por su caja plana y pequeña, y por un número de cuerdas que va de 12 a 20, en órdenes triples o cuádruples. Acompaña huaynos, qashwas y peregrinaciones como el Qoyllur Rit’i.

La bandurria cusqueña

La mandolina y el violín andino completan el ensamble en las estudiantinas serranas, un tema que ampliamos en nuestro análisis sobre la música de violín en el Perú.

Instrumento Cuerdas Reconocimiento
Charango 5 órdenes dobles (10) Patrimonio Cultural de la Nación, 2007
Arpa andina 32 a 36 Base de la Danza de las Tijeras (UNESCO)
Guitarra ayacuchana 6, con temples Patrimonio Cultural de la Nación, 2010
Bandurria cusqueña 12 a 20 Ritual en el Qoyllur Rit’i

Materiales y fabricación

El charango tradicional usaba el caparazón de quirquincho, el armadillo andino, como caja de resonancia. Las normativas de conservación ambiental han llevado a los luthiers a sustituirlo casi por completo por madera tallada.

En nuestros recorridos por mercados artesanales de Ayacucho y Puno hemos comprobado que este oficio sostiene economías familiares enteras, un patrimonio que se hereda de padres a hijos junto con la propia técnica de tallado.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el origen histórico de los instrumentos de cuerda en el Perú?

Llegaron con los españoles en el siglo XVI. Antes de la conquista, la música andina solo usaba vientos y percusión, sin ningún cordófono documentado en las culturas prehispánicas.

¿Qué diferencias estructurales existen entre el arpa andina y el arpa clásica europea?

El arpa andina tiene la caja de resonancia mucho más ancha, carece de pedales para cambiar de tonalidad y se encuerda con entre 32 y 36 cuerdas fijas.

¿Por qué se sustituyó el uso del caparazón de quirquincho en la fabricación del charango?

Por protección de la especie. Las normas de conservación ambiental frenaron la caza del armadillo andino, así que los luthiers migraron hacia maderas nativas talladas.

¿En qué consisten los temples o afinaciones alternativas de la guitarra ayacuchana?

Son afinaciones no convencionales, como el temple baulín o el temple diablo, que hacen resonar las cuerdas al aire junto a la tonalidad de la pieza andina.

Un patrimonio sonoro que sigue afinándose

Comprender estos cordófonos es entender cómo un pueblo transformó lo ajeno en propio. Cada temple, cada orden doble, cada caja tallada guarda quinientos años de adaptación y orgullo cultural.

Si esta historia te dejó con ganas de más, nuestro repaso a la música criolla peruana es un buen siguiente paso para seguir tirando del hilo sonoro del Perú.

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